El cáncer empieza

El cáncer empieza

Hace poco les conté como me había enterado que mi papá había sido diagnosticado con cáncer, pero era una realidad que sentía tan lejana, tan imaginaria y rara, que durante mucho tiempo lo único que hice fue silenciar mi cabeza y seguir adelante. Somos una familia ultra positiva, que hasta el último día de tratamiento y diagnostico medico tuvo la tranquilidad de “que el papá se iba a curar” y “todo iba a estar bien”. 
Pero, ¿Qué pasa cuando se explota la burbuja de positivismo y te das cuenta que esa enfermedad que veías como algo extraño, que solo les pasaba a las personas a tu alrededor pero que JAMAS tocaría tu familia llega?

El diagnostico de mi papá fue un milagro y es una historia extraña pero que puede ser un tanto común en nuestro país y más con las condiciones de nuestras eps (sin ofender).

 En el 2009 luego de un dolor intenso en el estómago mi papá se acercó a urgencias (cosa que estoy segura le costó su vida y ego, porque era un ser fuerte que jamás se quejaba) y le dijeron para su sorpresa, que tenían que revisarle los riñones. Luego de varios exámenes se dieron cuenta que ese dolor profundo era un tumor que ocupaba el 65% de su riñón y era más factible sacar el órgano completo que someterlo a otro tratamiento. Mi papá paso de un dolor abdominal a tener un tumor y a perder un riñón en cuestión de horas. 

La operación fue exactamente el 16 de diciembre, tres días antes de mi cumpleaños y lo recuerdo porque nunca en mis 15 años (en aquel momento) había visto a mi papá pálido, en cama y con dolor. Su operación fue exitosa y aunque todo pintaba normal las dinámicas de nuestra casa cambiaron radicalmente. Tuvimos lo que sería nuestro primer encuentro con "el bienestar". Teníamos nuevas formas de alimentación, había nuevas rutinas de sueño y una nueva consciencia más celosa por la procedencia de los productos y lo que consumíamos. 

Luego de 6 meses mi papá volvió a su cita de control con la tranquilidad de una persona que aprendió a vivir con un riñón y que ahora tenía una buena anécdota para contar puesto que mis tíos ya le decían "SINRI" y algo que en un principio era una “calamidad” se volvió en uno de nuestros chistes familiares favoritos hasta hoy. La vida por su parte tenía otros planes, justo donde habían removido la primera masa y el riñón, existía un nuevo habitante llamado tumor 2.0. Y fue ahí, justo en ese punto que mi papá supo que ese nuevo habitante lo quería acompañar mucho tiempo más.

 

 

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